Poesía Digital

La mirada del desconcierto

Víctor Rodríguez Núñez, Intervenciones. Antología poética, La mirada creadora, Santander, 132 pp., 2010

Desde que en los años sesenta del pasado siglo la poesía conversacional impusiera su voto en Hispanoamérica, esta corriente no ha dejado de producir poetas que han ido dejando su voz en los moldes de la lengua hablada. Por supuesto no quiero decir que el coloquialismo como estética sea desdeñable, sino que, como toda corriente de éxito masivo, aquel que se deje llevar por la fuerza del río corre el peligro de ahogarse en el coro de voces anónimas.

Cabe preguntarse, entonces, si es éste el caso de Víctor Rodríguez Núñez (La Habana, 1955). Su poesía emerge en los años ochenta, cuando todavía en Cuba siguen mandando los cánones oficialistas de una poesía coloquial. Rodríguez Núñez no se aparta de ellos pero incorpora temas y visiones muy amplias. Como señala Juan Carlos Abril en su prólogo, la mirada "responsable" del cubano se interesa por todo lo que le rodea, en su sentido más general. Se trata, pues, de comprender al individuo, pero también el mundo exterior; de hablar con su propia voz, pero también la de los otros; de indagar en el inconsciente, pero no renunciar a la comunicación. En conclusión, a mi modo de ver, la propuesta de Rodríguez Núñez es muy ecléctica, lo que le otorga un buen margen para la libertad creadora, aunque a veces incurra en esa despersonalización epigonal de la que hablaba al principio. 

De lo que no cabe duda es de que se trata de un poeta hábil, dotado de excelentes cualidades rítmicas y una notoria capacidad para la estructuración del poema, que se desliza sabiamente justo hasta dónde quiere el poeta, incluso en aquellos que parecieran más visionarios o herméticos (véase la bella "Suite de Selva Negra"). También sabe ser ingenioso, como en el delicioso "Hipótesis", en donde se enuncian líricamente distintas teorías sobre el universo, desde Ptolomeo hasta Hegel:

Pensaba Ptolomeo
que el mundo era como el ojo de ciertas mujeres
Una esfera de húmedos cristales
En que cada astro describe una órbita perfecta
Sin pasiones
mareas o catástrofes



Y así, después de deshacer por la vía poética varios milenios de metafísica y ciencia positiva, el poeta concluye con una sugerencia galante:

Por mi parte
propongo al siglo XX
una hipótesis simple
que los críticos llamarán romántica
Oh muchacha que lees este poema
El mundo gira alrededor de ti


Ahora bien, la ironía no es su único registro. Más aún: ésta sólo disfraza temores que dan la cara cuando el poeta descuida sus defensas. En una clave más severa, otros poemas insisten en la dificultad de aprehender el mundo desde presupuestos racionales: "no existe la realidad objetiva / Sólo tú y el verde escalofrío de la nada".

Frente a la entronización del poeta con su aureola visionaria, Rodríguez Núñez asegura tener los ojos miopes, inseguros, y tener una mala opinión de la belleza. En efecto, su mirada está signada por el desconcierto, más allá de la alegría, la nostalgia o el dolor manifiestos en tales o cuales versos. Así, el personaje de muchos de sus poemas pasea por las calles de Madrid, Bogotá o Trípoli, visita un acuario innominado o se apasiona ante la hermosura de un árbol en un bosque de Oregón. Pero casi siempre esconde dentro de sí la angustia de no intimar con el mundo que le rodea. La pérdida de una relación entrañable con el propio pasado (de ahí las dolorosas apelaciones a su familia) acaso tengan mucho que ver en esta situación. Y de ahí que, en definitiva, el sentimiento de extranjería —insisto: de desconcierto— presida su relación con las cosas: "Algo he visto del mundo / y eso ahonda mi pena / Nada me pertenece".


Javier de Navascués