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Más fuerte que la muerte

Juan Antonio González Iglesias, Eros es más, Visor, Madrid, 2007.

Los lectores más fieles de Juan Antonio González Iglesias (Salamanca, 1964) afrontamos cada nueva entrega suya como un regalo -en todos los sentidos- divino, que debe recibirse según un ritual. Comenzamos por el título, siempre aperitivo del tono y contenido del poemario: ciñéndonos a sus tres publicaciones más recientes, Un ángulo me basta (IV Premio Internacional “Generación del 27”; Visor, 2002) sonaba a calma y sencillez -aquellas pequeñas cosas, y aquellos poemas inolvidables: “Acepto que belleza es la fulguración” o “Tiene mi misma edad”, por citar dos ejemplos-, Olímpicas (El Gaviero, 2005) precedía a una colección de poemas sobre el deporte y los deportistas -con mucho de observación y adoración-, y Eros es más se define como una rendida declaración de amor al amor. González Iglesias apunta al nombre exacto de las cosas, sin rodeos: no sólo desde la portada, sino también en los deliciosos prólogos con los que abre sus poemarios, y que continúan ejerciendo como tobogán para el lector.

En el caso de este Eros es más, retenemos la frase que casi antecede a los poemas: el amor es más fuerte que la muerte. Nos da la bienvenida y, páginas después, casi nos despide en “In joyful memory”. Tomando como guía la peculiar variación del gran Vicente Núñez sobre el lema minimalista, el poemario de González Iglesias constituye una reivindicación del amor en su estado más puro, aquel conocido y nombrado por los griegos, capaz de gobernar sobre los dioses y sobre los humanos. El viaje comienza con “Exceso de vida”, uno de los textos más altos jamás regalados por su autor, cuyo inicio emocionante —Desde que te conozco tengo en cuenta la muerte— deriva en amor total, que se medita y se abraza, que habla de almas y de cuerpos. Tiempo ha que González Iglesias se enfrenta al reto de escribir sobre el amor —al amor— sin resultar tópico, resultando no ileso, sino triunfador. Y continúa con poemas como “You Light up my life”, que podría subtitularse —recordando su anterior entrega— “al deportista desconocido”, o “Si me despierto en medio de la noche”, en la línea de algunos incluidos en Un ángulo me basta —toda su obra está conectada entre sí, y a la vez es radicalmente distinta— . Amor todopoderoso, amor sobre todas las cosas: hablar de personalidad implica mencionar a González Iglesias, pues uno de los atractivos de sus versos reside en que resultan, más allá del tema —es el poeta del amor por excelencia de nuestra lítica actual—, fácilmente reconocibles a los segundos de lectura. Esto se debe al estallido de un decir que es coloquial —¡qué encabalgamientos!— y, al mismo tiempo, disfruta de la altura necesaria con que la poesía debe pronunciarse.

La grandeza de la poesía de González Iglesias es que —pese a esa voz propia— avanza en cada poemario, se expande en otros focos de interés sin que el nivel descienda. De esta forma, en Eros es más hallamos también la conciencia del paso del tiempo simbolizado —sobre todo— en el cuarenta cumpleaños, evidente en poemas como “40” —en el que el poeta repasa el estado, a esa edad, de Djuna Barnes, Marco Polo y Elio Adriano—, “Campus americano” —Tal vez también influya que este otoño / acabo de cumplir cuarenta años—, “Los ojos del asceta”, “El tiempo engendra décadas”, “¿Destinados al olvido?” o el espléndido “Cumplimiento”, que sigue los consejos del oráculo y recuerda que el poeta ha cumplido su parte para ser feliz. Dejamos atrás los días, las experiencias, la muerte se acerca: mientras, amaremos, pues el amor supera en importancia a cualquier fin. Nada de solemnidad: cercanía. Humanidad. E ironía, incluso, en algún caso: González Iglesias abre “Stripper vestido” asegurando que al vestirse ha hecho voto de pobreza. Aunque quizá, bien pensado, el mensaje del poeta no guarde relación con el humor, sino con la verdad más pura.

Jamás defrauda: Eros es más es, de nuevo, un libro enorme. El entusiasmo, las expectativas elevadas, se justifican de inmediato. En la poesía de Juan Antonio González Iglesias caben Julio Casares, Aristóteles, Robbie Williams, Marco Aurelio. Caben la conciencia de la muerte, y el carpe diem como combustible para el día a día. En Eros es más cabe la vida plena, rebosante, feliz de ser vivida. Y cabe, sobre todo, el amor. Rebosa más allá de los bordes, nos empapa: es una fiesta que se parece al universo / en que es única.

Elena Medel










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