
Carlos Pujol nació en Barcelona en 1936, es doctor en Filología Románica desde 1962, ha sido profesor de literatura en la Universidad y desde 1969 ejerce la crítica literaria. Ha traducido a numerosos escritores franceses y anglosajones, entre ellos a Ronsard, Shakespeare, John Donne, Baudelaire, Verlaine, Emily Dickinson, Proust y Hemingway, y ha publicado novelas y diversos volúmenes de ensayos. Su obra poética, que empezó tardíamente en 1987 con Gian Lorenzo, comprende una docena de títulos, de los que forman parte Desvaríos de la edad, Vidas de los poetas, Los aventureros, Fragmentos del libro de Job, Retrato de París, Esta verdadera historia (Pre-Textos, 1999), La pared amarilla (Pre-Textos, 2002) y Versos de Suabia (Pre-Textos, 2005).
En internet, en la página de la Fundación March, pueden escucharse todas las conferencias que ha acogido la casa desde 1975. En una de ellas, del 18 de enero de 2007, Carlos Pujol entrevista/dialoga con Andrés Trapiello. En la presentación que hace de Trapiello, Pujol lee con voz de maestro un texto, donde se encuentran estas palabras: "La búsqueda disfraces cosplay de la sencillez complica mucho la vida. Es difícil. No obstante, está al alcance de la mano. Nunca puede andar lejos, porque está dentro de nosotros. Es la más genuina y salvadora de las aspiraciones, la más fiel de las tendencias a lo que somos".
Eres la disponible eternidad,
y a mí que me distrae
el vuelo de una mosca.
Mientras haya juguetes,
soldaditos, peonzas, bicicletas,
el cine de la tarde de los sábados,
ni me acuerdo de ti.
Urgen todas las fábulas.
Tú, rey de la paciencia,
con tesoros de tiempo en los bolsillos,
esperas a que un día
me canse de estar solo.
Cercarán la ciudad, los centinelas
se darán a la fuga,
y habrá un hosco silencio en todas partes.
Que eso iba a suceder ya lo sabíamos,
aunque siguiera siendo inconcebible.
A la espera de todo,
va a clarear de un modo ceniciento,
y se abrirán las puertas.
Del sitiador ni rastro.
Al alba la derrota será extraña,
sólo entonces, brevísimo, intervienes.
Después de haber perdido muchos trenes
que parecen más bellos por perdidos,
se llega a algún insólito lugar.
El viaje o su ilusión
cruza inviernos, sorpresas y locuras,
al perderse uno gana,
lleva no pocos años el saberlo.
Querer estar en raros extravíos
y accidentes es el aprendizaje
de echar de menos lo que no se ve.