
Este mes tenemos el gran gusto de publicar dos poemas inéditos que nos ha pasado Piedad Bonnett (Colombia, 1951), una de las grandes voces de la poesía hispanoamericana actual. En su poesía, a través de libros tan fundamentales como De círculo y ceniza (1989), El hilo de los días (1995), Lo demás es silencio (2003) o Las herencias (2009), entre otros, la poeta nos sorprende con una extraña fusión de lucidez analítica y de urgente pasión por desvelar los secretos fundamentales de la vida, tanto en los aspectos universales como en los más íntimos. Se ha dicho que hace una poesía metafísica, pero también es moral y familiar y amorosa. Lo más cierto es que es poesía y, por tanto, sorpresa continua; a pesar de su lenguaje aparentemente, y sólo aparentemente, tan natural.
Las madrugadas
de aquellos que nunca tienen sueños
son limpias, como calles lavadas en la noche.
En sus manos no hay sangre de enemigos,
ni en sus ojos destellos de lujuria,
ni nostalgias confusas
ni violentos deseos
de volver a buscar lo ya perdido.
No hay rastros de vergüenza en los que nunca sueñan,
ni ese aire distraído, ensimismado,
del que en sus manos trae sólo pobres jirones.
No los veremos nunca
tratando de contar con gesto apasionado
y los ojos clavados en medio del vacío,
lo que a nadie interesa,
como viejos que jalan torpemente
la cuerda de sus años más antiguos.
Y sin embargo,
los que no sueñan nunca
tienen otras maneras de vivir sus dos vidas.
Tal vez menos hermosas y menos inocentes.