Para el primer número del año contamos con tres poemas inéditos de Eugenio Padorno, uno de los principales poetas de Canarias. Nacido en Barcelona en 1943, Eugenio ha vivido en Canarias desde su niñez. Es también ensayista y profesor de Teoría Literaria. En 1961 funda la colección "Mafasca" y en 1966 prepara, junto a Lázaro Santana, la antología Poesía Canaria Última.
Desde el principio, su poesía se ha caracterizado por una rigurosa exigencia expresiva, testimonio de un pensar y un existir ligados al lugar de pertenencia, y de un compromiso con la memoria plural que a ese lugar concurre.
Sus libros de poesía son: Metamorfosis (Madrid, 1969), Comedia (Madrid, 1977), Paseo antes de la tormenta (1996) y Cuaderno de apuntes y esbozos poéticos del destemplado Palinuro Atlántico (Madrid, 2005). Además, como ensayista y crítico, es autor de Memoria poética (Las Palmas, 1998), Algunos materiales para la definición de la poesía canaria (Las Palmas, 2000) y Vueltas y revueltas en el laberinto (Tenerife, 2006), entre otros.
Los poemas que ahora se publican pertenecen a La echazón, libro que aparecerá en breve. replica watches
El canto que aguarda
(dentro del silencio)
EN la noche de un antiguo verano, En la ventana, la piel enrojecida Por el sol que horas antes recibiera En exceso, ante el desplegado coro De los grillos, me hallé probando, Con la perseverancia Y fe de juventud, La existencia de un poetizar puro.
Con un ritmo que se mide Y se pesa en la boca, Di continuos paseos hasta la mesa Rústica, con papeles Dispersos donde anotar Cifras de una oscura ganancia, Por volver enseguida A aquel rectángulo de luz, Horadado entre muros Sombrosos sobre el mar…
Abiertos los sentidos, Miraba de nuevo hacia lo alto: Creía arrancar a la mudez de las estrellas Enigmas susurrados por la carne habladora.
Conversaci�n interrumpida
(en el paseo a medianoche)
BAJAMOS en la noche ardorosa de agosto Hasta donde la lámina del mar acaba En apenas un leve chapoteo.
Y el crepitar de un pabilo de claros Sonidos interiores Era la sola luz En nuestro caminar hacia lo oscuro.
El poderoso agosto se extinguía Sin tener la respuesta Que nos estaba reclamando, Pues desconocíamos la pregunta Con que nos angustiaba.
¿Qué cosas semejan las estrellas, dije, Sino las esparcidas brasas del horno En que aún nos cocemos? Si se abrieran ahora Las puertas de la noche, Nos quebraría el helor del silencio.
Entonces fue cuando agitó las sombras Un pájaro más leve que una idea: Le vimos, entre lo que retorna, Picotear filamentos de algas, Fugaces y minúsculos fulgores Minerales, y recorrer huraño El borde de la espuma Como el cierre que engrana En un todo lo que asciende y gravita,
Y luego dejarnos el asombro como un resto Inservible, sobrevolar Las negras aguas bajas, adentrarse Veloz hacia la hura.
Encargo a Pepe D�maso
Porque cambies en formas las palabras de este sueño, y que las cosas vuelvan a ser cosas. Swiss Replica Watches
ME llegaba de su boca sin dientes el relato de una “vida ejemplar”; y, si se lo pedía, me daba usted la imprescindible explicación de dos o tres palabras, pues el significar de las restantes presumía tenerlo en el exiguo diccionario de mi mente. Con aquellos sonidos que venían de afuera iba en mí construyendo la imagen de un hombre que, sin probar comida ni bebida, harapiento, sin ser reconocido por los suyos, bajo una escalera de su mansión opulentísima, de retorno de un muy largo viaje, con un tenaz acallamiento, el extraño dejaba asomar entre las manos juntas la carta que guardaba los detalles de su tan vagorosa existencia. Cuando usted ponía fin a la historia, es probable que pudiera contemplar en mi rostro el turbador efecto del Misterio. Pero hoy sé que, pese a hablar nada, pudieron decirme aquellos labios; y que quien, en suma, componía el relato de la anciana locuaz para el niño que dentro del viejo ahora recuerda, era en verdad el viento, entrando y saliendo por las rendijas de la casa junto al mar, la gran flauta olvidada entre las rocas.